El riesgo más frecuente es la hipoglucemia, pero no deben olvidarse la posibilidad de lesiones en pies, los de índole cardiovascular (arritmias, angina, insuficiencia cardíaca) y la hemorragia vítrea o el desprendimiento de retina en los diabéticos con retinopatía severa.
Para prevenir estos riesgos convendrá realizar una prescripción individualizada, una evaluación médica previa y evitar actividades competitivas. En los casos de afectación ocular se evitará el ejercicio brusco, isotónico y la posición baja de la cabeza. Las lesiones en los pies se pueden limitar mediante la higiene y el uso de calzado adecuado.
Para prevenir la hipoglucemia se recomendará: a) realizar el ejercicio tras una ingesta o uno de los suplementos de la dieta; b) aumentar la ingesta de hidratos de carbono antes del ejercicio en unos 20 g/h de actividad física (40 g de pan, 200 mL de zumo, 400 mL de leche, 200 g de fruta); c) hacer ejercicio con algún compañero, y d) adiestrar al diabético a reconocerla y tratarla de inmediato. En los pacientes tratados con insulina se procurará además: a) programar el ejercicio evitando las horas que coincidan con el máximo efecto insulínico; b) inyectar la insulina en la zona abdominal y evitar las que participan de forma más activa en el ejercicio; c) valorar la necesidad de reducir (2-4 UI) la dosis administrada antes de un ejercicio intenso, y d) programar la realización de un mayor número de autoanálisis de glucemia capilar. Debe recordarse que el efecto del ejercicio, intenso o prolongado, sobre el metabolismo de la glucosa puede mantenerse durante varias horas y ser causa de hipoglucemias tardías y nocturna, por lo que sería prudente indicar en ese día análisis de glucemia capilar antes de acostarse.



