El concepto de catalogar a los embarazos como de bajo, moderado o alto riesgo se ha mostrado inefectivo en cuanto a mejorar los resultados perinatales y ha aumentado los gastos públicos en forma considerable, de tal forma que no son recomendados por la OMS. Es preciso tener en cuenta, que desde un criterio estricto, la mayoría de los embarazos pueden presentar alguna condición que eleve el riesgo del mismo. Derivar a centros de mayor complejidad a estas usuarias conlleva inconvenientes al sistema de salud, como así también a la propia mujer, que atentan contra la intención original y que en sí mismas pueden elevar aún más el riesgo del embarazo.
Es la intención de esta normativa, que además de las diferentes causas médicas, se tenga en cuenta la opinión de la mujer contemplando las diferentes situaciones sociales, al decidir el lugar para controlar su embarazo, vivir su parto y lograr un sano puerperio.
La OMS recomienda que, salvo pocas excepciones, toda mujer debe ser considerada en principio como de bajo riesgo, hasta una clara evidencia de lo contrario. Inclusive, una vez diagnosticada una complicación que pueda elevar el riesgo de la gestación, en conjunto con la mujer se debería analizar la mejor manera de controlar el embarazo, incluyendo el lugar más adecuado para que se lleve a cabo esta acción. En algunas circunstancias, podría derivarse a la usuaria a un centro especializado para realizar alguna prueba diagnóstica y/o terapéutica, para posteriormente continuar el control del embarazo en el lugar original.
Según la OMS, el 75% de las mujeres pueden ser catalogadas como embarazos normales, y podrán controlar toda su gestación de la manera que se transcribe en esta norma. El 25% restante necesitará de cuidados clínicos, paraclínicos y/o terapéuticos de mayor complejidad.


